Corsés imposibles, vestidos de princesa, encajes que se reinventan, lazos, volúmenes y hasta colores inesperados. La New York Bridal Fashion Week acaba de enseñarnos cómo se vestirán algunas de las novias de 2027. Y tenemos unas cuantas cosas que contar.
Hay semanas en las que la moda nupcial parece ponerse de acuerdo.
Y otras en las que decide que ya está bien de ponerse de acuerdo.
Esta última edición de la New York Bridal Fashion Week pertenece, definitivamente, al segundo grupo.
Porque mientras unas firmas recuperan vestidos de princesa que parecen sacados de un palacio europeo, otras están jugando con corsés arquitectónicos, escotes imposibles, tejidos que parecen esculturas y detalles que hace unos años habrían provocado alguna que otra mirada de desaprobación familiar.
Y nos encanta.
Las colecciones presentadas en octubre de 2026, con propuestas para otoño de 2027, tienen algo en común: una reivindicación del diseño, la artesanía y la personalidad.
No significa que todas las novias vayan a llevar vestidos enormes, transparencias o lazos gigantes.
Significa algo mucho más interesante.
Que cada vez hay más maneras de vestirse de novia.
Estas son las seis tendencias que nos han llamado especialmente la atención.
1. Vuelve la novia princesa. Pero con carácter.
Durante varias temporadas parecía que las novias querían desprenderse de todo.
Menos volumen.
Menos adornos.
Menos metros de tela.
Vestidos sencillos, líneas limpias y siluetas que casi podían confundirse con un vestido de noche.
Pues bien.
La princesa ha vuelto. Y no tiene ninguna intención de pasar desapercibida.
Las nuevas colecciones recuperan las grandes faldas, las colas espectaculares, los tejidos estructurados y esos vestidos que ocupan casi tanto espacio como la mesa presidencial.
Pero hay una diferencia importante respecto a las princesas de otras épocas.
Las nuevas siluetas son más arquitectónicas. Los cuerpos están mucho más trabajados y los volúmenes se construyen con una intención estética muy contemporánea.
En las propuestas de Milla Nova, por ejemplo, encontramos vestidos como Cinderella, que reinterpretan el gran vestido de cuento con una construcción muy marcada.
Elie Saab también apuesta por faldas monumentales, tul, bordados y una elegancia que se mueve entre la alta costura y la fantasía.
Y firmas como Sareh Nouri demuestran que un vestido clásico puede tener muchísima presencia sin necesidad de convertirse en un disfraz de época.
Lo que pensamos en Cosmic:
Si siempre has querido un vestido de princesa, este puede ser tu momento.
Y si no, también está fenomenal.
No hay que justificar por qué una quiere casarse con diez metros de tul.
Ni por qué otra prefiere hacerlo con un vestido que cabe perfectamente en una maleta de mano.
Paige Campbell Linden – Milla Nova Crédito / Elie Saab / Ashford, Mark Ingram Bride
2. El encaje deja de ser el de siempre
Hubo un tiempo en el que hablar de encaje era pensar automáticamente en vestidos románticos, mangas largas y una estética bastante tradicional.
Pero las nuevas colecciones están demostrando que el encaje puede ser muchas cosas.
Delicado.
Atrevido.
Arquitectónico.
Incluso un poco rebelde.
Ahora aparece integrado en corsés, trabajado en tres dimensiones, combinado con transparencias o convertido en flores que parecen crecer sobre el propio vestido.
Ya no es simplemente un tejido bonito que se coloca sobre otro.
En muchos diseños, el encaje es el protagonista absoluto de la construcción.
Francesca Miranda es una de las firmas que mejor representa esta dirección, con bordados florales, detalles artesanales y propuestas que juegan con la relación entre tejido, cuerpo y movimiento.
También nos han llamado la atención los encajes de Jenny Yoo y las reinterpretaciones que aparecen en colecciones como las de Rivini by Rita Vinieris.
¿El resultado?
Vestidos románticos, sí.
Pero mucho menos previsibles.
Lo que pensamos en Cosmic:
El encaje no es antiguo.
Antiguo es pensar que solo existe una manera de llevarlo.
Francesca Miranda – Keryn Sweeney / Jenny Yoo — Lihi Hod — The Knot ·
3. Cuando el vestido parece una obra de arte
Aquí es donde la moda nupcial se pone especialmente interesante.
Porque algunos diseñadores ya no parecen estar pensando únicamente en crear vestidos bonitos.
Están diseñando formas.
Volúmenes.
Proporciones.
Siluetas que transforman completamente la figura.
Los corsés vuelven a marcar la cintura, las caderas adquieren protagonismo y los tejidos crean estructuras que parecen desafiar la gravedad.
En las nuevas propuestas vemos cuerpos con varillas visibles, cinturas en pico, drapeados muy definidos y faldas que construyen formas inesperadas.
Maison Margot es un ejemplo especialmente interesante de esta tendencia, con sus corsés estructurados y sus cinturas basque, que recuperan la silueta histórica desde una perspectiva actual.
Galia Lahav también explora volúmenes en las caderas y construcciones de gran impacto visual.
Y Vivienne Westwood sigue demostrando que la novia puede ser un personaje absolutamente fascinante sin perder un ápice de elegancia.
Algunos diseños parecen pensados para entrar en una ceremonia.
Otros, para entrar directamente en un museo.
Lo que pensamos en Cosmic:
Nos encantan los vestidos que provocan una segunda mirada.
Pero hay algo importante: un vestido espectacular también tiene que permitirte vivir tu boda.
Sentarte, abrazar, caminar, bailar.
Porque una cosa es parecer una escultura.
Y otra, tener que permanecer inmóvil durante ocho horas.
Maison Margot – Keryn Sweeney / Galia Lahav / Maison Margot –
4. Texturas que hacen que el vestido cobre vida
Hay vestidos que parecen sencillos.
Hasta que se mueven.
Y entonces sucede algo.
Una capa de organza se levanta.
Unas plumas acompañan cada paso.
Una falda plisada cambia completamente de forma.
Un lazo largo se mueve con el aire.
Las texturas han adquirido un protagonismo enorme en las propuestas de 2027.
Y no hablamos únicamente de bordados o pedrería.
Hablamos de tejidos trabajados para aportar profundidad, movimiento y personalidad.
En esta tendencia encontramos desde los detalles florales de Elie Saab hasta las plumas y los acabados artesanales de Francesca Miranda.
También destacan los vestidos que juegan con distintas capas de tul, sedas de diferente peso y tejidos que reaccionan de manera distinta a la luz.
¿Lo bonito?
Que el vestido ya no tiene que ser espectacular únicamente cuando la novia se coloca perfectamente frente al espejo.
También puede serlo cuando camina.
Cuando gira.
Cuando baila.
Cuando está viviendo su boda.
Lo que pensamos en Cosmic:
Un consejo que repetimos mucho: no elijas tu vestido únicamente viéndote quieta.
Muévete.
Camina.
Siéntate.
Gira.
Porque el vestido va a acompañarte durante uno de los días más intensos de tu vida.
Y merece la pena saber cómo se comporta cuando pasan cosas.
Lihi Hod / Francesca Miranda – Keryn Sweeney / Elie Saab
5. Los años veinte vuelven a colarse en las bodas
Hay épocas que nunca terminan de marcharse de la moda.
Y los felices años veinte son una de ellas.
Las nuevas colecciones recuperan parte de aquella estética llena de glamour, brillo, movimiento y espíritu festivo.
Aparecen referencias al Art Déco.
Bordados geométricos.
Pedrería.
Transparencias trabajadas con delicadeza.
Y siluetas que recuerdan a la sofisticación de las grandes fiestas de principios del siglo XX.
Pero lo interesante es que no estamos viendo vestidos de disfraz.
No se trata de convertir a cada novia en una protagonista de El gran Gatsby.
Se trata de recuperar ciertos códigos estéticos y darles una interpretación contemporánea.
En colecciones como las de Elie Saab encontramos bordados geométricos y efectos de brillo que conectan con esa idea de lujo decorativo.
Y otros diseñadores recuperan la sensualidad y el movimiento de las siluetas vintage sin renunciar a los patrones actuales.
Lo que pensamos en Cosmic:
Nos encanta que una boda pueda inspirarse en otra época.
Siempre que no termine pareciendo una fiesta temática organizada por el departamento de vestuario de una película.
Una referencia es eso: una referencia.
No hace falta reproducir hasta el último detalle.
Mark Ingram Bride — Elie Saab / Galia Lahav — Diva.
6. El romanticismo vuelve. Y pierde la vergüenza.
Lazos.
Volantes.
Rosas.
Flores bordadas.
Tonos empolvados.
Detalles delicados.
Después de varias temporadas en las que el minimalismo parecía tener la última palabra, las colecciones de 2027 recuperan un romanticismo mucho más visible.
Y, en ocasiones, deliciosamente exagerado.
Los lazos aparecen en escotes, cinturas y espaldas.
Los tejidos crean capas suaves.
Las flores dejan de ser un simple adorno y empiezan a formar parte de la estructura del vestido.
Y el blanco empieza a compartir protagonismo con otras tonalidades.
Mark Ingram Bride ha presentado propuestas en rosa empolvado con pequeños lazos, mientras que firmas como Monique Lhuillier exploran también esta paleta suave y romántica.
Por otro lado, la colección One of One de Galia Lahav nos recuerda que el romanticismo no tiene por qué ser convencional: incluso los lunares pueden convertirse en una declaración de estilo nupcial.
Y sí, también hemos visto referencias al amarillo mantequilla.
Porque parece que el blanco ha decidido compartir un poco el protagonismo.
Lo que pensamos en Cosmic:
Puedes ser una novia romántica y moderna.
Puedes llevar un lazo enorme y tener muchísimo estilo.
Puedes elegir un vestido rosa.
O blanco.
O ninguno de los dos.
La cuestión nunca debería ser si tu vestido encaja con la idea que otras personas tienen de una novia.
La cuestión es si encaja contigo.
Lili Hod Monique Lhulliere / Galia Lahav
Entonces, ¿cómo será realmente la novia de 2027?
Después de ver tantas propuestas, tenemos una conclusión bastante clara.
Y no tiene nada que ver con elegir un determinado tipo de vestido.
La novia de 2027 puede querer una falda gigantesca.
O una silueta completamente minimalista.
Puede enamorarse de un corsé arquitectónico.
O de un vestido de encaje que parece heredado de otra época.
Puede llevar velo.
O no.
Puede cambiarse de vestido tres veces.
O encontrar uno del que no quiera desprenderse en toda la noche.
La gran tendencia no es un vestido. Es tener más libertad para elegirlo.
Y eso nos parece una noticia estupenda.
Porque las pasarelas están para inspirar.
Para descubrir nuevas posibilidades.
Para mirar algo y pensar: «Jamás se me habría ocurrido, pero me encanta».
No para añadir una nueva lista de obligaciones a la organización de vuestra boda.
Que bastante tenemos ya con el seating, los presupuestos y las opiniones familiares.
Así que disfrutad de las tendencias.
Guardad las imágenes.
Probad cosas que nunca os habríais imaginado.
Pero cuando llegue el momento de elegir, recordad algo:
El vestido de novia que más importa no es el que marca la tendencia.
Es el que consigue que te mires al espejo y pienses:
«Sí. Esta soy yo».
Y ahí, amigas, se termina cualquier discusión de moda.
P. D. No somos el Tribunal Supremo de las bodas. Pero si lo fuéramos, dictaríamos sentencia a favor de casarse como a uno le dé la gana. Con cariño y un poquito de sentido común, claro.




